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El conocido locutor español Joaquín Luqui falleció esta mañana, tras varios días en un coma provocado por una hemorragia cerebral causada por una caída fortuita en su domicilio, como indica la noticia en El Mundo, donde también podéis leer su obituario, donde se puede saber un poco más de la persona tras el personaje: “entusiata, religioso convencido y fan de las ciencias ocultas”.

Aunque su influencia en el panoráma radiofónico nacional como locutor de programas musicales es incuestionable, y que como personaje resultaba entrañable, a mis ojos su carrera hacía una temporada larga que estaba asentada en los principios de la radiofórmula barata que él contribuyó a crear en parte. No quisiera sonar irrespetuoso con el señor J.L., especialmente en estos momentos, donde lo propio es ensalzar las cualidades de los ausentes, pero a mi entender pasó de ser un pionero, a un creador de tendencias y, por último, a un símbolo de las modas musicales, particularmente de las que no participo. En todo caso, como digo muchas veces, para gustos, los colores. Habrá quien estime que su trayectoria ha sido de un éxito creciente, y estará en su derecho de así proclamarlo. Yo me quedo con la época en la que marcó una diferencia. Con todo, vaya desde aquí mi pésame a los que le conocían y estarán sintiendo su muerte.

También tenéis otro comentario acerca del suceso en el viaje de esudios de mis neuronas.

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