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La semana pasada apareció en Boing Boing una reseña sobre el caso de una mujer que tenía ataques epilépticos provocados por ciertas canciones. Con la agenda que he tenido estos últimos días no he podido echarle un vistazo hasta ayer, y me pareció bastante curioso. La historia está sacada de Scientific American:

Stacey Gayle used to love music. Listening to it and performing it was a big part of her life. She had stacks of CDs in her car, went to concerts of artists like Sean Paul, and would go to parties where hot songs would blare. She was also an active member of the choir at her church: Solid Rock Church of the Nazarene.

Then she started having seizures.

Como se indica en el post de Boing Boing, de acuerdo con el libro “Musicophilia: Tales of Music and the Brain” de Oliver Sacks esta afección (epilepsia musicogénica) fue identificada formalmente por primera vez en 1937 y sólo se han documentado 150 casos clínicos similares.

Como nota adicional, el libro citado también apareció en su momento en Boing Boing, poco después de una reseña mencionando la historia de Clive Wearing.

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