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Con una semana de retraso por aquí dejo la crónica del concierto en La Cubierta de Leganés. Espero que la memoria no me patine mucho.

Conociendo de antemano el programa de la velada, nos planificamos para llegar después de la hora de apertura de puertas pero con tiempo suficiente para buscar un buen sitio en la plaza. Llegaríamos sobre las siete y veinte y nos encontramos con una cola kilométrica… y otra no tanto. Sin tener muy claro si había alguna diferencia entre una y otra aparte del tamaño nos pusimos en la más corta y esperamos un rato. No sé cómo sería en la otra cola pero en nuestro lado el acceso fue bastante rápido.

Una vez dentro pudimos subirnos un momento a la grada para ver el panorama con una cierta perspectiva y decidimos bajar a la pista a buscar un buen sitio. Como siempre, nos situamos en un lugar donde no molestásemos demasiado, delante de la mesa de mezclas, y estuvimos esperando un rato. Me alegró encontrarme con Santi e Isra y estuvimos charlando hasta poco antes de las ocho de la tarde.

A la hora programada, Testament salieron a escena. Habiéndoles visto recientemente no me importaba tanto que su repertorio se viese reducido a 40 minutos de reloj (había hasta un cronómetro para controlarlo). Lo que me reventó fue el sonido.

La Cubierta de Leganés es una pesadilla acústica. Con la bóveda cerrada, el retumbar de la batería apenas dejaba distinguir “Over The Wall”. La situación no mejoró con “The New Order” ni con “Souls Of Black” y yo todavía dudo si realmente escuché “Sins Of Omission” o fue un producto de mi cabeza golpeada por las ondas sonoras de la batería. De no conocer las canciones estoy convencido que no hubiese podido recordar más que un estruendo continuo. Benditos tapones para los oídos.

Gracias a los esfuerzos de Chuck, Alex, Eric, Greg y Paul, temas como “More Than Meets The Eye” o “D.N.R. (Do Not Resucitate)” resultaron medianamente inteligibles. El grupo lo echó todo en el escenario y el público intentó corresponder el esfuerzo con los coros de “3 Days In Darkness” y el tema que no podía faltar, “Practice What You Preach”.

Al igual que la vez anterior Chuck fue bastante comunicativo, a pesar de las restricciones de tiempo. A Alex, Greg y Eric les costo brillar a través de los problemas acústicos pero firmaron una buena actuación y Paul es una auténtica máquina de la batería. Con lo descompensado que estaba el sonido cualquier error hubiese sido aumentado desproporcionadamente pero esa noche estuvo impecable.

“The Formation Of Damnation” cerró una actuación en la que no tengo nada malo que decir del grupo.

Y ya puestos a buscar lo positivo de la velada, la puntualidad fue otro detalle a agradecer. Al igual que el concierto de Testament empezó a la hora anunciada, sólo hubo que esperar los veinte minutos previstos para el siguiente concierto. El cronómetro en esta ocasión marcaba sesenta minutos.

A pesar de los cabezas de cartel, yo había ido fundamentalmente a ver a Megadeth. Y fue durante su concierto que se produjo el milagro de la noche.

No sé si sería que abrieron la cúpula (aunque yo no me dí cuenta hasta bastante más tarde), que el técnico de sonido tras la mesa de mezclas era un genio o que Júpiter se había alineado con Marte. La cuestión es que el sonido fue inmejorable, teniendo en cuenta el sitio. Desde los primeros acordes de “Sleepwalker” la mezcla sonaba muy equilibrada (nuevamente, teniendo en cuenta el sitio). La batería tenía un nivel correcto, las guitarras tenían suficiente cuerpo y la voz de Mustaine se oía clara junto a los coros de Broderick y Lomenzo. Quizás el bajo estaba un poco escaso de volumen pero, tal y como había ido el concierto anterior, yo no hubiese tocado nada.

Con el cronómetro en marcha, el grupo se lanzó con “Wake Up Dead” y “Take No Prisoners” (ahí sí que oí bien el bajo). Mustaine no habló mucho, ni falta que le hizo: al llegar a “A Tout Le Monde” tenía la público cantando y botando en todo el recinto. El repertorio estuvo lleno de aciertos, como “Skin O’ My Teeth”, aunque yo hubiese sustituido “She-Wolf” por alguna otra canción. Cuestión de gustos.

Por cierto, me encantaron las guitarras de Dave y Chris. También me encantó ver como Chris Broderick, de quien Mustaine ha dicho recientemente que “es el mejor guitarrista que Megadeth ha tenido“, mostraba por qué Dave dice eso. A pesar de que “In My Darkest Hour” tampoco le dio espacio para lucirse, con el sólo de “Symphony Of Destruction” demostró que hay pocas cosas que se le resistan.

“Sweating Bullets” fue una grata sorpresa, ya que no la había oído en directo desde hace más de cuatro años. Con este tema, seguido de un espectacular “Hangar 18”, se encarriló el tramo final del concierto.

Tras una breve salida en falso (el reloj mandaba) llegó el turno de “Peace Sells” y su gran final, que dio paso, por supuesto, a “Holy Wars… The Punishment Due”. Las despedidas de Mustaine fueron respondidas con unos más que merecidos aplausos. Esperemos que su próximo disco, que debería salir por Septiembre, les vuelva a traer por estos lares pronto.

La media hora de preparativos sobre el escenario nos dio tiempo a comentar el concierto y descansar un poco la garganta. Costaría superar el recital de Megadeth. De hecho mucha gente optó por retirarse a las gradas, para estar algo más cómodos y alejarse de la polvareda que intentaban retirar del escenario.

Haciendo gala de la puntualidad inglesa que caracterizó el programa de eventos de la noche, Judas Priest comenzaron su espectáculo una media hora después de las diez.

Mientras sonaba “Dawn Of Creation” pudimos ver el montaje del escenario, con dos torres (donde posteriormente se colocarían dos enormes banderas) flanqueando una puerta sobre la que estaba situada la batería. La salida del grupo con sus atuendos clásicos precedió la aparición de Halford, cubierto por un manto lleno de chapas metálicas, que se elevó desde el interior de una de las torres para empezar el concierto.

Si bien la puesta en escena resultaba impresionante, los temas del último disco, “Nostradamus”, no resultaban tan espectaculares, o al menos eso pensé mientras escuchaba “Prophecy”. “Metal Gods” volvió por los fueros más clásicos de los Priest e “Eat Me Alive” animó un poco más la velada.

El sonido volvía a ser cuestionable, al menos desde nuestra posición, sobre todo porque el sonido la batería de Scott Travis engullía y golpeaba todo el recinto. Con todo, las guitarras de Glenn Tipton y K. K. Downing se podían intuir tras el muro sónico de la percusión, y el bajo de Ian Hill retumbaba en los graves de la mezcla. A Halford se le oía pero me daba la impresión de que tenía que forzar mucho ciertas notas y se pasaron un poco con el efecto de eco en su micrófono.

“Between The Hammer And The Anvil” y “Devil’s Child” dieron paso a un esperado “Breaking The Law” (un tema que gusta especialmente en España, según Rob). Aunque “Hell Patrol” mantuvo un cierto nivel otro tema del último disco, “Death”, frenó demasiado el concierto. La salida en un trono de Halford, del que no se levantó apenas para cantar la canción, sólo contribuyó a la sensación de pesadez del tema. A pesar de todo había gente bastante emocionada, así que supongo que será otra vez una cuestión de gustos.

“Dissident Aggressor” y “Angel” no me ilusionaron tanto como cuando el telón de fondo, que había ido cambiando con los temas, mostró un enorme ojo, marcando el turno de “Electric Eye”. Para mí los clásicos fueron lo mejor de la selección de temas de los Judas, junto con el espectáculo que dieron. La moto hizo su aparición en el escenario y canciones como “Rock Hard, Ride Free” fueron bien recibidas. Dos clásicos seguidos, “Sinner” y “Painkiller” (con entrada en falso de Travis), cerraron el cuerpo de la actuación de los ingleses.

Volvieron al escenario al poco tiempo para tocar “Hell Bent For Leather” y un tema de Fleetwood Mac, “The Green Manalishi (With the Two-Pronged Crown)”. Halford disfrutó haciendo de director coral, a pesar de que el cansancio ya me hacía pedir que atacasen el siguiente tema.

“You’ve Got Another Thing Comin'” cerraba el concierto, con el grupo despidiéndose mientras echaban al público baquetas y púas. Sin embargo la noche depararía una pequeña sorpresa.

Los gritos y aplausos continuaban tras la salida del grupo, incluso cuando ya se habían retirado los micrófonos y las guitarras. Halford vuelve a salir a escena, visiblemente contento, y habla con el resto de integrantes del grupo. Travis se vuelve a colocar tras la batería y empieza a tocar un ritmo muy familiar mientras intentan recuperar el sonido de la guitarra de Downing. Cuando lo consiguen hace una señal y el grupo empieza con “Living After Midnight”, haciendo estallar el recinto con aplausos. El público empieza a cantar y el grupo regala un tema que no habían tocado en toda la gira. Como era de esperar, a estas alturas ya hay varios vídeos en YouTube de la sorpresa.

Tras este regalo el grupo se despide otra vez y ya no vuelve a aparecer, con lo que nos retiramos para intentar descansar un poco.

Y colorín-colorado esta crónica ha acabado.

3 comentarios.

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  1. 1.

    Yonki del heavy… 😛

  2. 3.

    Muchas gracias por tu crónica del concierto.La verdad es que el Sr. Mustaine me parece un pedazo de monstruo haciendo Metal.