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Monkeys don’t care much for human music, but apparently they will groove to their own beat.

Previous experiments have shown that tamarin monkeys prefer silence to Mozart, and they don’t respond emotionally to human music the way people do. But when a psychologist and a musician collaborated to compose music based on the pitch, tone and tempo of tamarin calls, they discovered that the species-specific music significantly affected monkey behavior and emotional response.

Así empieza un breve artículo en Wired de septiembre del años pasado, titulado “Monkeys Don’t Go For Music — Unless It’s Made for Them“. La redacción no da detalles sobre los procesos de análisis y síntesis de la música para monos y no deja de ser una reseña de un experimento curioso. En cualquier caso, me habilita para poner la siguiente imagen, vista en una entrada de un blog que también menciona el artículo en cuestión:

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