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Mientras esperábamos a la entrada de la sala Penélope oí todo tipo de razones por el cambio de local para el concierto. Estaban los que decían que era una chapuza del promotor. Otros decían que la sala original, Revirock, había sido cerrada por no cumplir los requisitos de seguridad para este tipo de eventos. También los había que aseguraban vehementemente que todo era un intento del Ayuntamiento por acabar con las salas de conciertos.

Las causas no las conozco pero los efectos los puedo ir adelantando. Llegará un momento en el que los grupos, que cada vez dependen más de los conciertos, buscarán los destinos más convenientes. Parece que en Madrid —y, por lo que oigo, en el resto de España— nos creemos los reyes del mambo cuando en realidad somos un destino incómodo, tanto por motivos geográficos como (cada vez más) por motivos logísticos y administrativos. Y mejor paro, que tampoco se trata de seguir amargándose.

Volviendo a la entrada, habíamos llegado con tiempo y no sufrimos una demora excesiva a la hora de acceder al local. Mi preocupación era que, viendo el espacio disponible, el espacio no fuese suficiente para permitir estar moderadamente cómodos. Buscando por Internet he visto que el aforo de la sala es de unas 1100-1300 personas. No se me da muy bien calcular a ojo pero a mí me parece que ahí no cabía tanta gente. Con todo, al haber llegado pronto, fuimos de los afortunados que pudimos encontrar un sitio decente, con una cierta visibilidad y sin molestar a gente detrás.

Fueled by Fire, el primero de los cuatro grupos de la tarde-noche, eran unos desconocidos para mí. Con un cartel abultado me pareció comprensible que dispusieran de media hora escasa. Con todo, supieron sacarle provecho. También creo que se beneficiaron de un nivel de volumen comedido, que hizo que después haya sido capaz de reconocer las canciones que tocaron, empezando por “Rising From Beneath” y “Within the Abyss”.

Cada vez estoy más convencido que si no se apreciasen los decibelios como a un burro (“… grande, ande o no ande”) los conciertos serían mucho mejores. Prefiero ser capaz de identificar los toques thrash de segunda ola a lo Vio-lence en temas como “Unidentified Remains” o “Dreams of Terror” que sólo poder notar como las ondas sonoras chocan contra mi caja torácica. Los habrá que confundan volumen con intensidad pero yo seguiré defendiendo que para disfrutar “Thrash Is Back” o “Eye Of The Demon”, con las que cerraron su actuación, el grupo no necesitó que a los asistentes les reventasen los tímpanos por la presión sonora.

Tenía bastantes ganas de ver a Nile pero con cierto miedo por la acústica en este concierto. El sonido de este grupo es tan denso como sus composiciones, sin sacrificar nitidez y precisión. Se ve que Neil Kernon les tiene tomada la medida y sabe cómo producir el sonido que caracteriza a Nile. Nunca he pensado que fuese fácil traducir esto a un escenario y me quito el sombrero ante los técnicos que tienen que manejar estas actuaciones.

Abrieron su concierto con “Sacrifice Unto Sebek” y se disiparon parte de esos temores, aunque no por completo. El asombroso trabajo de George Kollias a la batería se veía reflejado en la mezcla con un nivel que a ratos fagocitaba las frecuencias más bajas de los otros instrumentos. A veces era complicado apreciar la actuación de Todd Ellis al bajo, penalizado también por el sonido de las guitarras de Dallas Toler-Wade y Karl Sanders.

También es cierto que durante el concierto, que siguió con “Defiling the Gates of Ishtar” y “Kafir!”, el grupo fue de menos a más. No porque empezaran en un mal nivel —con la actuación que firmaron creo que lo harían bien a ciegas— pero quizás no habían entrado en calor. En este caso creo que les habría venido bien tener algo más de tiempo para tocar. Sólo encajaron un tema de su último disco, “Permitting the Noble Dead to Descend to the Underworld”, después de “Hittite Dung Incantation” e “Ithyphallic”.

Llegados a este punto del concierto el oído ya se había acostumbrado a extrapolar los temas entre el sonido más o menos pulido, dentro de las posibilidades de la sala, y el público estaba más animado. Sin embargo, tendrían que cerrar su actuación con sólo dos temas más “Sarcophagus” y “Black Seeds of Vengeance”.

También es cierto que, al no ser las condiciones óptimas, es posible que una selección más extensa de temas podría haber causado un poco de desgaste, tanto en los músicos como en el público. De la manera que lo hicieron a mí me dejaron bastante contento y queriendo volver a verles. Supongo que ese es un efecto deseado.

Al rato de haber preparado el escenario se pusieron ante los focos la versión actual de Morbid Angel. Como a tantos otros, a este grupo casi le debía asistir a un concierto suyo. Covenant en especial y Domination en menor medida son discos que durante una temporada tenía casi continuamente en los cascos. Como por una razón o por otra —léase, vaguería— no los había visto nunca en directo ya iba siendo hora de ponerle remedio.

En esta ocasión estaban de gira dos de los componentes que más tiempo han estado en el grupo. A la guitarra el padre de la criatura, Trey Azagthoth, acompañado al bajo y frente al micrófono por Dave Vincent. Teniendo en cuenta que estos fueron los principales artífices de los dos discos que he citado anteriormente no me podía quejar, aunque me hubiese gustado ver a Pete Sandoval tras la batería. Desconozco si su situación se arreglará en algún momento pero de momento su posición está bien cubierta por Tim Yeung, al que sería injusto calificar sólo como un suplente de lujo. Por último, estaba Destructhor como segunda guitarra, puesto que lleva ocupando ya una temporada.

Morbid Angel lleva casi 30 años militando en la escuela del death metal con denominación de origen Florida. Es un sonido desarrollado a lo largo de bastante tiempo y, de nuevo, me preocupaba cómo se traduciría al directo en la sala. Siempre está la posibilidad de que todo sea amplificado a un volumen excesivo y con el uso preceptivo de tapones lo que uno oye puede sufrir una merma no sólo de volumen.

“Immortal Rites” probablemente podría haber sonado mejor y lo mismo se puede decir de “Fall from Grace”, resitiéndose la mezcla en las partes en las que el doble bombo sobraba relevancia. Con todo, llegados a “Rapture” mi cerebro ya estaba filtrando el ruido y en mi cabeza se escuchaban los temas que tanto había oído años antes. Gran parte del mérito de hacer el concierto algo reseñable radica en el grupo. Aunque la sensación es que cada uno de los integrantes está en su propio mundo (especialmente Azagthoth) el conjunto funciona como una unidad bastante consistente. Temas que se podrían considerar clásicos como “Maze of Torment” fueron interpretados con los niveles individual y colectivo que requieren.

Incluso “Existo Vulgoré” y “Nevermore”, dos temas de su criticado último disco que incluyeron en el repertorio, fueron ejecutados y recibidos con cierto entusiasmo. Claro que no se pueden comparar con “Chapel of Ghouls” o la muy reconocible “Where the Slime Live”, adornada por un sólo de guitarra de Trey. Por cierto, ahora que menciono una guitarra, no se libraron de ciertos problemas técnicos con la de Destructhor.

“Bil Ur-Sag” es el único tema de la etapa sin Dave Vincent que incluyeron. Es comprensible que, teniendo que elegir los temas que tocar en directo, unos sean descartados en favor de otros pero me pregunto si habría algún criterio previo respecto a qué discos considerarían o la exclusión de algunos fue una consecuencia de la selección necesariamente limitada. Quizás haya que verles en un concierto más largo para ver qué temas tocan.

Cerraron su actuación con “God of Emptiness” seguido de “World of Shit (The Promised Land)”, habiendo satisfecho mi curiosidad por verles en directo. Consideraría volver a verles si retornasen como cabeza de cartel pero si tuviese ciertas garantías respecto al sonido.

Cuando llegó el turno de Kreator la sala estaba a reventar. Yo no puedo quejarme, porque donde nos habíamos situado no estábamos demasiado incómodos, pero era evidente que la gente tenía dificultades para ver el concierto. Puede que la altura del escenario —y consecuentemente de la sala—no fuese suficiente o que el espacio no tuviese una distribución óptima, con dos columnas que impedían ver el escenario desde determinados sitios. Tampoco ayuda que este tipo de conciertos no suelan prestarse a que los espectadores estén tranquilos en un sitio.

Así que cuando empezó el espectáculo y el producto de la máquina de humo engulló al grupo en una niebla teñida de rojo por las luces de los focos hubo gente que no podría no ver lo que pasaba en el escenario mientras sonaba “Mars Mantra” de fondo como preludio al primer tema de la noche, “Phantom Antichrist”. Estas cosas pasan y hacen de buenas anécdotas si se quedan en lo puntual. Además, algo tan nimio (en su sentido más contradictorio, etimológicamente hablando) no iba a detener a la máquina del directo que es Kreator. Y los califico como tales, a pesar de haberles visto sólo tres veces en directo y no poder decir que sea un experto en conciertos. Con todo, sí veo en este grupo un buen ejemplo de equipo que sabe cuáles son sus fortalezas y las explota al máximo, hasta el punto de que temas menos familiares —como el anterior o “From Flood into Fire” con la que continuaron, ambos de su último disco— suenan como clásicos en su repertorio.

Eso no quiere decir que el sonido fuese mejor. Las guitarras en particular empezaron con un sonido algo apagado. Tampoco quiere decir que todo el mundo lo apreciase igual. De hecho, el público reaccionó con bastante más entusiasmo a “Enemy of God”. Claro que contando con el empuje de un frontman de la talla de Mille Petrozza es casi una cuestión de tiempo que la gente se muestre más animada. Y también ayuda poder incluir temazos como “Phobia” que, en manos de estos músicos, parece estar hecho para el directo.

No hay que hacer de menos al resto de integrantes del grupo. Por ejemplo, cualquiera diría que Jürgen Reil, alias Ventor, ha pasado ya los 45 años. Mantiene un ataque preciso e incesante a su batería, marcando un ritmo sin concesiones y consistente pero con un fluir muy orgánico. Detrás de todo ese gran sonido en vivo está la base que Ventor ejecuta de una manera envidiable. Es una pena que en algunos momentos el volumen no estuviese equilibrado con el resto de instrumentos, algo que se hizo notable en temas con contrastes de ritmo, como “Hordes of Chaos (A Necrologue for the Elite)”.

Volvieron a pasar por su último disco con “Civilization Collapse” antes de ir a una canción que mí me gusta bastante, “Voices of the Dead”. Aparte de tener algunos pasajes más melódicos, con un estilo menos agresivo en las voces, también luce un poco más el trabajo de Sami Yli-Sirniö. Al lado de Petrozza su actuación es necesariamente más discreta, aunque quizás sea sólo una impresión mía. En cualquier caso me cuesta imaginar a otra persona mejor para el puesto que ocupa.

Creo que es una de las ventajas de tener una formación relativamente estable. Por ejemplo, Christian “Speesy” Giesler lleva tocando el bajo en el grupo casi 18 años y, aunque el sonido no era el mejor para apreciarlo, se nota para bien. Temas que han estado en el repertorio de Kreator probablemente desde que los compusieron, como “Extreme Aggression” y “People of the Lie”, los domina con facilidad.

Aunque tampoco puedo decir que sufriesen interpretando temas nuevos. Puede que sea una ayuda que, después de experimentar con otros sonidos, sus trabajos de la última década larga estén más en línea con los del principio de su carrera, con el beneficio añadido de años de experiencia de composición e interpretación. Y puede que por eso “Death to the World”, el penúltimo tema que tocaron de Phantom Antichrist, encajase de forma muy natural en su repertorio por delante de “Endless Pain” a pesar de las claras diferencias de estilo entre ambos.

El concierto terminó con “Pleasure to Kill”. Hasta que volvieron a salir al escenario, por supuesto. Como todo el mundo sabe cómo organizan los conciertos tampoco es que se formase mucho revuelo para animar a los músicos a volver a colocarse sobre las tablas. Mi sensación era que el concierto quizás se me iba a hacer algo corto y que tenía fuerzas para otro tanto todavía. Claro que uno ya es más bien viejo y, a la postre, acabé tan satisfecho como quería.

Los encores fueron la traca final que el concierto se merecía. Sonó “The Patriarch” para dar paso a “Violent Revolution”, que fue recibido por el público como si el concierto acabara de empezar. Lo curioso es que repitieron la estructura de canción con introducción instrumental con “United in Hate”. Si me lo hubiesen dicho antes del concierto probablemente me habría extrañado pero después de ver a Sami tocando la parte acústica y con las ganas que abordaron el resto del tema entendí perfectamente su elección. Y como querían terminar a lo grande encadenaron “Flag of Hate” y “Tormentor” para cerrar un repertorio redondo.

No creo que me haga falta ninguna excusa para volver a ver a estos grupos en directo pero sí procuraré ser menos perro y asistir a sus conciertos cuando tenga la oportunidad.

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