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En la tarde del 1 de febrero de 1924, la orquesta sinfónica de Nueva York interpretaba la 9ª sinfonía de Beethoven en el Carnegie Hall, dirigida por Walter Damrosch. Por suerte para los que no pudieron asistir, fue retrasmitida en directo por la radio. Un par de días después, la orquesta recibió una carta de Helen Keller, la autora y activista ciega y sorda desde la infancia:

I have the joy of being able to tell you that, though deaf and blind, I spent a glorious hour last night listening over the radio to Beethoven’s “Ninth Symphony.” I do not mean to say that I “heard” the music in the sense that other people heard it; and I do not know whether I can make you understand how it was possible for me to derive pleasure from the symphony. It was a great surprise to myself. […]

La imagen está de recuperada de otra en Angelfire y la anécdota está sacada de en Letters of Note, donde se puede leer la carta completa.

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