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Dándole una vuelta de tuerca a la expresión “más vale tarde que nunca”, tiraré de memoria para recopilar la tarde-noche del 30 de julio. Dada la fiabilidad de mi memoria, cuenten con más de una imprecisión.

Vista la hora de apertura de puertas calculé para llegar a la entrada de La Cubierta sobre las 18:00. Al salir me encontré con una cola más larga de lo que esperaba pero que al cabo de poco tiempo empezó a moverse a buen ritmo. Afortunadamente estuve acompañado de Isra y Esther, quienes hicieron que la espera fuese mucho más amena y a los que tengo mucho que agradecer. Al entrar nos situamos en la zona frente a las mesas de mezcla de los primeros grupos y vimos que ya había una buena cantidad de personas en el recinto. Por desgracia, la zona que escogimos tuvo bastante transito, sobre todo durante la primera actuación, y a veces resultaba bastante molesto tener que estar pendientes de hacer hueco a la gente.

No sé cuántas personas habría cuando empezó el concierto de Saxon. A pesar del calor y del retraso, la salida del grupo fue bastante bien recibida. Reconozco que no he escuchado su último disco pero eso no evitó que disfrutase de temas como “Hammer of the Gods”, con el que comenzaron su concierto. Habiéndoles visto hace un par de años me alegró comprobar que siguen estando en forma.

Lo que sí les perjudicó un poco fue el sonido, al menos como yo lo oí. Aunque La Cubierta con la ídem retirada es un espacio abierto y su acústica no es ideal en mi opinión el volumen estaba demasiado alto. Al nivel que se escucharon “Heavy Metal Thunder” o “Never Surrender” no se apreciaban bien los instrumentos, envueltos en una onda de sonido empujada por la batería. Incluso el sonido del micrófono de Biff Byfford parecía algo saturado.

Con todo, una vez hechos a la idea de que el sonido jugaba en contra del grupo, sí que se pudieron disfrutar canciones como “Chasing the Bulltet”, la clásica “Motorcycle Man” y “Back In ’79”. Siendo todavía de día, el calor se dejó notar ligeramente a lo largo del concierto. El tráfico hacia las barras, varios tendidos más allá de donde nos encontrabamos, fue un buen indicador de la sed que se estaba pasando en la arena. Supongo que el grupo también tendría que tirar de algún refresco, aunque fuese durante el sólo de batería tras “Demon Sweeney Todd”.

Si en el escenario estaban incómodos o cansados no dejaron que se notase. Todo el grupo estuvo muy activo, animando a los que estabamos con “Call To Arms” o con Biff explicando que la inspiración de la canción “And The Bands Played On” son los conciertos del primer Monsters of Rock. Y eso que el concierto fue moderadamente largo. Siendo los teloneros era obvio que no tendrían mucho tiempo pero consiguieron tocar “Crusader”, “Princess of the Night” y “Denim and Leather” antes de tener que terminar su concierto con “Wheels of Steel”.

Con un merecido aplauso y más gente en el recinto que al principio, los Saxon se retiraron y dejaron que comenzasen los preparativos para el siguiente concierto.

Como era de esperar, la aparición de Motörhead fue recibida con entusiasmo. Con los primeros compases de “Iron Fist” quedó claro que este grupo sigue levantando pasiones a pesar de – o quizás gracias a – su dilatada carrera. Poco antes del concierto me había leído White Line Fever, la biografía de Lemmy, (otro gran regalo, tampoco merecido) y resulta interesante ver reflejado en un conjunto de canciones parte de la historia del personaje y del grupo. El repertorio tuvo de todo un poco, desde temas ya clásicos. como “Stay Clean”, hasta canciones de su último disco, como “Get Back In Line”. Y siempre fieles a un estilo y un sonido que rezumaba toda la actuación del grupo, a través de “Metropolis”, “Over The Top” o “One Night Stand”.

Y hablando de sonido, de nuevo me pareció mejorable. Ya sé que con Motörhead debe ser “everything louder than everything else” pero en varias ocasiones era más fácil seguir los temas por los ritmos de la batería de Mikkey Dee que por la guitarra de Campbell o el bajo de Lemmy. Afortunadamente la voz del cantante se podía oír pero el trabajo del guitarrista no se pudo apreciar tan bien durante el concierto como cuando hizo su sólo. No sé si será un tema de acústica, así que me imagino que en otra ocasión tendré que probar desde otros puntos

Quejas aparte, el concierto fue muy entretenido. No se puede decir que Lemmy sea el tipo más animado sobre las tablas pero al grupo le basta con la música para desatar al público. Con temas como “The Thousand Names of God” o “I Know How To Die” tampoco es que haga falta mucho más que un muro de amplificadores para dar un buen espectáculo. Claro que también hubo momentos de lucimiento, como el sólo de guitarra mencionado antes o el de batería que vino después de la contundente “In The Name Of Tragedy”.

Con una producción discográfica considerable a sus espaldas y el público deseando más, cualquier concierto de Motörhead se puede hacer corto. El consuelo es que antes de terminar uno puede disfrutar de temazos como “Going To Brazil” y “Killed By Death”. Evidentemente no podía faltar “Ace Of Spades”, por muy trillada que la tengan, y “Overkill” siempre será una buena manera de terminar una actuación, a pesar de los fallos técnicos de último minuto con la guitarra de Campbell.

Tras los saludos y despedidas pertinentes, habiendo dejado claro por qué se presentan con “We are Motörhead and we play rock and roll”, los tres músicos se retiraron a acompañar a al menos una mujer ataviada de forma bastante reveladora que había estado a un lado del escenario viendo la actuación. Saben con quién juntarse.

Algo más tarde de lo que esperaba comenzó el concierto de Judas Priest. Ya era de noche y en el hilo musical empezó a sonar “War Pigs” de Black Sabbath. Siempre resulta un detalle curioso la forma en que los grupos deciden salir al escenario. Todavía recuerdo esos conciertos de In Flames con “Soul Bossa Nova” de Quincy Jones And His Orchestra hace más de diez años o, más recientemente, los conciertos de Iron Maiden y Twisted Sister en el Sonisphere. Igualmente curioso es que después de la canción de introducción el hilo musical marcase el verdadero inicio del concierto con “Battle Hymn”.

Y, tras esta doble introducción, salieron los cabeza de cartel, disparando con “Rapid Fire”. Un recinto con las localidades agotadas y el espacio reservado en las gradas ensanchado para acomodar con algo más de holgura a los asistentes se puso en pie para recibir la descarga de sonido y luces que el grupo traía preparada. Un escenario con elementos reminiscentes de una fundición se iluminó mientras láseres dibujaban patrones en el aire de La Cubierta. Junto con los efectos pirotécnicos, el concierto fue también un auténtico espectáculo visual. Una buena presentación, diría yo, digna de auténticos “Metal Gods”.

Al igual que en los conciertos anteriores, el volumen estaba a unos niveles algo excesivos. Puede que ese día estuviese algo más susceptible pero por lo general creo que el sonido hubiese salido beneficiado con una mezcla algo más comedida y equilibrada. Los bombos de la batería retumbaban, mientras que el sonido del bajo apenas se podía percibir en los extremos más graves del espectro. Las guitarras no tenían la definición que temas como “Heading Out The Highway” requieren para percibir algo más que los acordes, mientras que la voz de Halford sólo destacaba en los registros más agudos. Quizás “Judas Rising” o “Starbreaker”, canciones con un ataque más directo, puedan disfrutarse plenamente a pesar de estas deficiencias, pero cuando se llega a “Victim of Changes” hace falta algo más de sutileza en el sonido para hacer justicia a la dinámica del tema. Con todo, esto no deja de ser mi opinión.

Después de “Never Satisfied” llegó uno de los momentos que más me gustaron de la noche. Sobre el escenario aparece una guitarra acústica y yo pienso que van a tocar cierto tema del “Stained Class”. Sin embargo, presentan y empiezan con “Diamonds and Rust”, la versión de la canción de Joan Baez. Richie Faulkner, el sustituto en tareas a la guitarra y atuendo de K.K. Downing, acompaña a la guitarra a un Rob Halford que, sin necesidad de estridencias, borda una interpretación elegante e intensa. Sin necesidad de sobreponerse a un enorme barullo sónico, los músicos dejan ver la técnica y el gusto por los que están en el lugar ocupan. Incluso cuando la versión vuelve al galope al ritmo e interpretación del “Sin After Sin” el sonido parece haberse moderado ligeramente. Tengo que buscar si tienen alguna grabación buena de esta versión semi-acústica, porque me pareció estupenda.

Lo cierto es que el repertorio de este concierto me gustó más que el anterior en el que estuve. Nostradamus nunca ha sido uno de mis discos favoritos (incluso cuando sonaron “Dawn of creation” y “Prophecy” no puedo decir que me emocionasen) y en la última gira era lo que venían a presentar. En esta ocasión pudieron recrearse en más clásicos como “Night Crawler”, “Turbo Lover” o “Beyond the Realms of Death”.

A estas alturas tengo que hacer un parón. No sé a qué se debería pero tuve la primera “pájara” en un concierto (¿la edad?, ¿el calor?, ¿la falta de hidratación?, ¿todas las anteriores?, ¿ninguna de las anteriores?). Así que tuve que sentarme sobre la arena de La Cubierta para no caer redondo. Aquí sí que es cuando tengo que agradecer a Edu y sobre todo a Isra y Esther, que me procuraron algo de agua y hielo para que me repusiera mientras les daba un susto que les fastidió “The Sentiel” y “Blood Red Skies”. Cuando llegó el turno de “The Green Manalishi (With the Two Pronged Crown)” estaba algo mejor pero apenas pude disfrutar de “Breaking the Law”, cantado integramente por el público, y tuve que hacer una escapada a la barra durante “Painkiller” para comprar algo más de agua y hielo.

Y es una pena que me quedase tocado, porque el final fue de traca. Más llamaradas y láseres en el escenario, la moto de Halford, la gente disfrutando y temas que no podían faltar como “The Hellion” y “Electric Eye”, “Hell Bent for Leather” o “You’ve Got Another Thing Comin'”. Halford tuvo algunas palabras durante el concierto pero hacia el final se volvió a extender, como en ocasiones anteriores, con lo más parecido a una pequeña clase de canto que se puede tener en un concierto jebi. Una última retirada en falso y, muy pasada la medianoche, “Living After Midnight” cerró una gran actuación.

Y con esto nos fuimos corriendo para el tren, intenté disculparme ante Isra y Esther por la mala jugada y nos volvimos cada uno a nuestra casa en los últimos trenes del Metro, hasta que nos volvamos a ver.

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A pesar de las complicaciones de los últimos días y del calor mi hermano y yo pudimos estuvimos entre los asistentes al festival Sonisphere celebrado en Madrid. No he tenido mucho tiempo para hacer la crónica, así que por el momento aquí van las impresiones del primer día, ligeramente abreviadas.

Yo tenía algo de interés por ver a Volbeat y una cierta curiosidad por escuchar a Anathema pero el viernes llegamos cuando ya sonaba el final del concierto de Sôber.

Buscamos un sitio cómodo delante del segundo escenario y, sobre la hora prevista, empezó el concierto de Saxon. Siendo uno de esos grupos de los que no suelo escuchar cosas no tenía ninguna expectativa, ni para lo malo ni para lo bueno, y tengo que decir que me quedé gratamente sorprendido. Hubo varias cosas que me gustaron.

En primer lugar el sonido era más que decente. Estoy seguro que inicialmente a los más alejados el volumen les parecería algo bajo pero desde donde estábamos se podía escuchar sin tapones sin problemas. Además, la mezcla del sonido era especialmente buena. Sin conocer bien su discografía se podían distinguir y disfrutar perfectamente las canciones. Muy en particular, el bombo no se comía el resto de los sonidos ni retumbaba con cada golpe. Se podía oír guitarra, bajo, batería y voz sin que se echase en falta nada.

En segundo lugar, la actuación de todo el grupo fue impecable. Me agradó especialmente la vitalidad del bajista Nibbs Carter y por las ganas de involucrar al publico de Biff Byford. El cantante tuvo un recuerdo para Dio, habló un poco de fútbol (parecía particularmente satisfecho que la selección española ganase a la alemana) y llegó a dejar elegir al público algunas de las canciones que tocarían.

Por último, el repertorio estuvo bastante bien. Biff presentó unas cuantas, empezando por “Heavy Metal Thunder” y seguido de “Dogs Of War”. El ruido de los motores de unas motos sirvió como introducción a “Motorcycle Man”, que tocaron antes de “Live To Rock”, la única del último disco si no recuerdo mal. “747 (Strangers In The Night)” fue una de las que ofreció para elegir al público y acabaron tocando. “To Hell And Back” y “Crusader” precedieron a “Wheels Of Steel”, que contó con toda una parte en la que Byford invitó al público a cantar. De la misma manera los coros de “Denim And Leather” fueron acompañados por el público, que estaba bastante activo a pesar del calor.

Y así fue la actuación de Saxon. Mereció la pena verlo y fue una buena manera de empezar la jornada de conciertos.

El siguiente concierto era el de Porcupine Tree. Apenas había oído nada de ellos y tenía más curiosidad que interés por verles en directo.

Ni me sorprendieron ni me defraudaron. Ellos mismos reconocieron que no eran un grupo heavy y tampoco se presentaron como si lo fuesen pero sí propusieron un repertorio duro dentro de lo que entiendo es su estilo. Un sonido bastante bueno, con guitarras cargadas, riffs pesados y ritmos contundentes que no sonaban mal pero a mí no me llamaron la atención. Quizás les de un tiento en disco pero el directo se me hizo poco interesante, así que antes de que terminase nos fuimos tranquilamente a buscar un sitio medianamente cómo para la siguiente actuación.

Me gustaría poder dar más detalles pero, siendo sinceros, no les presté suficiente atención como para decir mucho más sobre ellos, ni para lo bueno ni para lo malo.

W.A.S.P. es otro grupo que tenía un cierto interés por ver en directo. Blackie Lawless es el único de los miembros originales que sigue en el grupo pero las canciones clásicas siguen estando en el repertorio.

Teníamos un buen sitio pero en cuanto empezó el concierto nos dimos cuenta que el sonido no iba a ser como en el de Saxon. Para empezar el bombo estaba en modo “festival”: cada vez que se golpea tiene que retumbarte hasta la ropa interior. La guitarra de Blackie podría haber sido perfectamente de atrezo (como las “sierras” de los antebrazos del señor Lawless) y el sonido del bajo iba a venía. Con un sonido así y sin conocer bien el repertorio de W.A.S.P. resultó difícil seguir el concierto.

No se puede decir que faltase entusiasmo, ni del grupo ni entre el público, pero la actuación me dejó algo frío. Tampoco es que el setlist fuese malo. Hubo de todo un poco, incluso metieron “Babylon’s Burning”, de su último disco, junto a clásico inevitables (como “I Wanna Be Somebody” o “Wild Child”) y temas fácilmente reconocibles (como “L.O.V.E. Machine”) pero a decir verdad la parte que más me gustó fue el pequeño trozo que interpretaron del “I Don’t Need No Doctor” de Humble Pie.

Me temo que el tema del sonido me incomodó lo suficiente como para que mi impresión del concierto no fuese tan positiva. En cualquier caso parece que la gente lo disfrutó y la actuación del grupo fue bien recibida en general. A pesar de las pintas de Blackie y todo :P . Los dos siguientes conciertos eran en el escenario grande así que para allí fuimos, a coger un buen sitio.

El sonido de Slayer era bastante mejor que el anterior, al menos desde donde estábamos. Al bombo de la batería le sobraba un poco de volumen pero tampoco era algo escandaloso. Las guitarras se oían bien y la tocada voz de Araya se podía distinguir dentro de la mezcla. Quizás su bajo quedaba algo enterrado entre todo el sonido, sin llegar a ser un gran problema. Los sólos de Hanneman y King tenían un volumen adecuado aunque yo los hubiese marcado un poco más.

A Araya no se le veía mal, a pesar de sus recientes problemas con el cuello y la voz. Si es cierto que estaba más estático de lo que uno puede estar acostumbrado a verlo pero tampoco estuvo inmóvil. Tuvo unas palabras en un castellano algo cascado que parecieron alegrar a la gente, especialmente la pertinente mención a la final de la copa del mundo. El resto de componentes tampoco se dirigieron mucho al público pero sí estuvieron muy activos. Los guitarristas intentaron aprovechar el espacio en el escenario para moverse de un lado a otro y Lombardo parecía bastante cómodo tras su batería.

Por señalar un punto negativo, el polvo que se levantó por la cantidad de movimiento entre el público impedía respirar bien a ratos, hasta el punto de llegar a ver al día siguiente gente con mascarillas. Claro que hasta cierto punto es normal, teniendo en cuenta los temas que toca Slayer.

El repertorio fue muy parecido al de las otras ediciones del Sonisphere de este año, con alguna variación. Empezaron con “World Painted Blood” y lo siguieron de una mezcla bastante bien pensada de temas de toda su discografía. Escuchar canciones como “Jihad”, “God Hates Us All” o incluso “Mandatory Suicide” resulta interesante pero no se puede comparar a oír “War Ensemble” o “South Of Heaven”. Del “Seasons In The Abyss” tocaron unas pocas, incluyendo el tema homónimo, la que ya he mencionado y “Dead Skin Mask”. Y no faltó “Angel Of Death”, tocado rápido y con la ráfaga de doble bombo extendida por Dave.

Con la noche ya más avanzada el concierto se apoyó más en las luces que no estuvieron mal. Si acaso criticar que el programa de luces le sobraba algo de contraluces y le faltaba algún que otro foco cuando el escenario estaba inundado de luz roja o azul. En ciertos momentos casi resultaba incómodo mirar hacia el escenario o intentar buscar a alguno de los músicos con la vista.

De todas maneras el concierto estuvo muy bien y, por supuesto, repetiría. Aunque casi mejor en una sala.

Faith No More fue una decepción para mí. Cierto es que conozco poco más que el Angel Dust y tenían la papeleta de salir después de Slayer pero el concierto no me gustó nada.

No empezó mal, con una puesta en escena elegante y Mike Patton saliendo al escenario fingiendo una cojera (con bastón y todo) para empezar al concierto. Aunque yo lo oí algo “sucio” tampoco es que el sonido fuese malo. Es simplemente que me aburrió. Al cabo de un par de canciones Patton se me asemejaba cada vez más a un Beavis moreno y engominado y el grupo difuminado frente a los histrionismos del cantante. Las pequeñas charlas del grupo hacia el público como si fuese mexicano me pareció más una metida de pata que algo simpático. Y al final acabamos por irnos.

El día había sido largo y no teníamos interés por aguantar un concierto que claramente no nos estaba gustando. Así que, muy a nuestro pesar, nos volvimos sin ver a Suicidal Tendencies, con vistas a descansar un poco y disfrutar algo más del día siguiente.