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Hacía tiempo que no le echaba un ojo a Make y, poniendo fin a esa racha, he visto un par de artefactos en reseñas relativamente recientes que me han llamado la atención.

Por un lado está esta variante de un tubo de Kundt:

Lo que se ve en funcionamiento [01m14s] es, según su constructor y el artículo de MAKE, un Arduino generando dos tonos que se llegan primero a un amplificador y luego a dos altavoces en lados opuestos del cacharro: uno fijo a A220 y otro ajustable mediante un mando hasta aproximadamente medio tono por encima y por debajo de A220. La interferencia entre dos tonos similares produce un batimiento que determina la posición de los nodos y antinodos de la onda estacionaria, reflejándose en los abalorios de plástico flurescentes levitados acústicamente.

El sonido dentro de la caja es bastante alto, por lo que está bien sellada, pero me pregunto si llevando los tonos a unos cascos a un volumen aceptable se podrían apreciar pulsos binaurales.

Por otro lado está Sand Noise Device, una “caja de arena musical de realidad aumentada”:

En este caso, tal como cuenta en el artículo de MAKE, el sonido y la presentación son generados en tiempo real a la orografía de la arena en la caja y a la posición de determinados objetos en ella:

La interfaz consiste en una caja de la altura de una mesa, rellena de arena; un Kinect de Microsoft, provista de una cámara RGB y sensores de profundidad; un proyector y varios objetos tangibles iluminados. El Kinect se usa para detectar la posición de los objectos, su color y la topografía de la arena. El proyector da realimentación visual, mientras que el sonido proviene de un sistema de altavoces multi-canal instalado alrededor de la caja. Los distintos parámetros que determinan la funcionalidad del sistema que genera la música del dispositivo están influenciados por las interacciones del usuario con el paisaje de arena y los objetos tangibles provistos.

Verlo en acción [03m48s] por alguna razón hizo que me acordarse de Audible Color, aunque la única similitud aparente es el uso de la detección de los colores como parámetro de entrada.

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Hace poco leí el artículo “24/192 Music Downloads are Very Silly Indeed“, que comienza de la siguiente manera:

Articles last month revealed that musician Neil Young and Apple’s Steve Jobs discussed offering digital music downloads of ‘uncompromised studio quality’. Much of the press and user commentary was particularly enthusiastic about the prospect of uncompressed 24 bit 192kHz downloads. 24/192 featured prominently in my own conversations with Mr. Young’s group several months ago.

Unfortunately, there is no point to distributing music in 24-bit/192kHz format. Its playback fidelity is slightly inferior to 16/44.1 or 16/48, and it takes up 6 times the space.

There are a few real problems with the audio quality and ‘experience’ of digitally distributed music today. 24/192 solves none of them. While everyone fixates on 24/192 as a magic bullet, we’re not going to see any actual improvement.

Aunque el artículo tiene ya unos años creo que merece la pena echarle un vistazo. En él, el autor desarrolla los fundamentos que apoyan estas aseveraciones de una manera, a mi entender, sólida y convincente. El texto tiene suficientes ejemplos y referencias para sustentar la opinión sintetizada al principio y permitir elaborar una propia, empezando por el principio.

Dibujo de un corte transversal de la cóclea y diagrama esquemático de la respuesta de los estereocilios.

Mi conclusión previa es que el formato de 24bit/192kHz tiene sus usos, con sus ventajas y sus inconvenientes. No por tener más bits o un mayor rango de frecuencia el sonido es mejor, especialmente en los casos de distribución y reproducción, donde incluso puede crear problemas adicionales. Con todo, tendría que valorar los argumentos a favor del formato y ver si tienen el mismo peso.

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Veo en The Escapist el titular “Military Scientists Unveil Sound-Powered Fire Extinguisher” e inmediatamente me dirijo a la información original en Wired:

The sound increases air velocity, which then thins the area of the flame where combustion occurs, known as the flame boundary. Once the boundary area is thinned, the flame is easier to extinguish. At the same time, the acoustics are disturbing the pool of fuel and creating higher fuel vaporisation — this widens the flame, thinning it out so it is less concentrated and cool enough to extinguish. […] Even better, the sound does not even need to be offensively loud to achieve any of this.

Lo cierto es que los vídeos de demostración (uno [00m10s] y otro [00m27s]) no son tan espectaculares como imaginaba pero no dejan de ser interesantes para ver el efecto conseguido.

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O, para ser más exactos, el sonido que genera SolarBeat de Whitevinyl utilizando las frecuencias de las órbitas de los planetas del Sistema Solar, incluído Plutón.

Lo ví hace unos días por el Google Reader Play y hoy lo he visto en Information is Beautiful. Me lo voy a poner un rato, a ver si me relajo y empiezo a disfrutar del fin de semana largo.

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En el blog de MAKE se hacen eco de un experimento curioso. John Keston, de Audio Cookbook, se ha dedicado a utilizar filtros de Photoshop para procesar sonido, “producing sound directly from visual media with tools like Michel Rouzic’s Photosounder, which I used for Conversion of Graffiti into Sound.” He aquí el proceso:

I created a simple pattern with an electric piano patch and opened it in Photosounder. Without changing any settings I immediately saved the sound as a bitmap image. Next I opened the image in Photoshop and started experimenting with filters. Once I had some filtered images I loaded them back into Photosounder to see how they sounded.

El primero ejemplo que señala es la aplicación del filtro de bordes brillantes (¿se llama así en la versión española?, servidor usa GIMP), que se puede observar en las siguientes imágenes (antes a la izquierda, después a la otra izquierda):

En la entrada correspondiente se pueden escuchar tanto el sonido de muestra como el resultado del procesado.