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Según dicen en Colossal, parece que con los componentes adecuados puedes sumergir un tocadiscos y conseguir una reproducción casi perfecta, como demuestra la instalación Submerged Turntable” del artista Evan Holm [01m04s].

En la página del artista hay un documental de poco más de ocho minutos sobre cómo preparó esta instalación en el SFMOMA hace ya un par de años.

Por suerte para mi economía, nunca me he dejado atrapar por el apasionante mundo del vinilo. Viendo como hay gente que cobra/paga miles de dólares por estos artículos temo que mi afán coleccionista y mis limitaciones presupuestarias sólo me generasen frustraciones.

Con todo, no deja de resultarme interesante, especialmente cuando se presenta de una manera original o menos convencional. Recuerdo haber visto hace un par de años la reseña del premio a la campaña “Back To Vinyl – The Office Turntable” en el festival Cannes Lions o la gran invitación de boda que puse por aquí hace cinco años, que me llamaron la atención.

También me resulta interesante cómo las compañías que todavía fabrican vinilos siguen operando y tienen incluso una demanda creciente, según un artículo en The Quietus al que llegaba vía Hacker News. No creo que sea por la edición del último recopilatorio del Wu-Tang Clan, The Wu – Once Upon A Time In Shaolin, del que sólo produjeron una copia.

Y hasta aquí lo que tenía apuntado. Que no todo van a ser mujeres desnudas sujetando unos vinilos o posando junto a un gramófono cada vez que hablo de discos :P.

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La muchacha anterior se hace llamar Connie Carter, nombre que no me suena muy checo a pesar de ser la nacionalidad que se atribuye en su página de facebook. En Boobpedia (sí, es un sitio de verdad, aunque a estas alturas no sé ni por qué me sorprendo al encontrar estas cosas) ofrecen más información de ella.

Para los que no les baste con admirar la curva praxiteliana en la fotografía anterior, esta sale de una página de muestra de la colección completa de 116 fotos que hizo con un tal Tommy Bernstein a la venta en FemJoy. Dicho sitio parece ofrecer también un vídeo en el que se muestra con una guitarra, que no he tenido ocasión de ver. Con todo, no sería la primera vez que veo un vídeo de sexo con una guitarra

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Visto en Twitter a finales de marzo, me recordó a los valles de vinilo que puse por aquí hace más de cuatro años.

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Un mes atrás apuntaba para leer el artículo “Vinyl’s great, but it’s not better than CDs“. El título resume eficientemente el contenido del texto pero le ocurre algo similar a lo que me pasó con mi pequeña entrada reciente sobre φ: explicar algo que parece de sentido común o que se puede sintetizar de forma reducida no produce necesariamente en un texto corto.

Lo que me gusta del artículo es que ofrece argumentos con una lógica —a mi entender— sólida y hechos contrastables en lugar de opiniones, expertas o no. Tampoco pretende argumentar en contra de los vinilos pero sí aclarar o desmentir el origen de ciertos mitos respecto al sonido de los mismos:

Ya que los CDs se apoyan en el muestreo de una señal analógica original siendo grabada, tienen algunas limitaciones de frecuencia. Mientras que los vinilos, en teoría, codifican una onda de sonido suave, los CDs muestran esa sonido de audio en diversos puntos y luego juntan esas muestras. “Por muy alta que sea la frecuencia de muestreo”, escribió en su día Eliot Van Buskirk de Wired, “nunca podrá contener toda la información presente en la surco analógico.”

Eso es cierto. Los CDs funcionan cogiendo un montón de muestras de una onda de sonido fuente y concatenándolas. Pero esta crítica es engañosa por dos razones. Por un lado, la impresión sobre vinilo no está libre de errores y [por lo tanto] el surco analógico de un disco determinado [tampoco] es una replica precisa de la onda de sonido registrada en el master, y en mucha medida debido a fuertes limitaciones en las frecuencias altas y bajas. Es verdad que los CDs no pueden replicar la onda completa en un master en todos los casos (actualización: en muchos casos, el teorema de Nyquist-Shannon implica que sí pueden) — pero tampoco pueden los vinilos.

Recomiendo leer el resto del artículo. Me recordó un poco también al argumentario sobre las descargas musicales a 24/192, que disfruté bastante.

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Imágenes sacadas de how records are made (1954).