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Me enteraba ayer de casualidad que ya había cabezas de cartel definitivos para el primer día del Sonisphere ’11. El viernes los protagonistas serán los recientemente reunidos The Darkness y después Slash, mientras que el sábado se mantienen Alice Cooper y Iron Maiden.

Habiendo comprado la entrada hace una temporada me fastidió bastante que movieran a Valient Thorr del sábado al viernes pero lo cierto es que la primera jornada tiene más de un grupo que espero poder ver. Aparte de los cabezas de cartel de ese día están Arch Enemy y Gojira. Según salga del trabajo veré si puedo ver algo de Angelus Apatrida y Bullet, y el concierto de Sôber probablemente lo dedique a reponer fuerzas.

El sábado también será intenso. Según esté de fuerzas veré Hammerfall y Lacuna Coil, por curiosidad, pero lo que no querría perderme sería ni a Apocalyptica ni mucho menos a Mastodon. Habrá que reservar algo para Twisted Sister y descansar durante Dream Theater para disfrutar de los platos fuertes del festival.

Luego todo saldrá como sea pero al menos el plan pinta bien.

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Primer concierto en más de tres meses y el plan para la tarde prometía. Organizándome para llegar con algo de tiempo me planté en la fila a esperar la apertura de puertas. No había demasiada gente y en esta ocasión parece que el personal de La Riviera se organizó algo mejor que de costumbre porque poco después de la hora de la apertura de puertas ya había entrado en el local. Como siempre, buscamos un sitio cómodo donde no molestásemos mucho y esperamos tranquilamente al comienzo del concierto.

Lo que más me llamó la atención es que en esos primeros momentos en la sala se respiraba bastante bien. De hecho, si había alguien fumando yo no lo pude ver ni oler. Al menos hasta que se apagaron las luces de la sala.

Angelus Apatrida, a quienes había visto hace año y pico, fueron recibidos entre aplausos por una sala a medio llenar todavía. Teniendo un tiempo limitado para tocar los de Albacete no se andaron con rodeos y comenzaron su descarga de thrash. Por desgracia, no tuvieron mucha ayuda técnica.

Para empezar el sonido era horrible. La zona destinada a la mesa de mezclas, delante de la que estábamos, se había dividido en tres áreas y nosotros nos habíamos colocado a un lado mientras que la mesa en uso para el concierto de Angelus Apatrida estaba en el otro. Desde esa posición casi lo único que se oía era el bajo y ni siquiera de buena manera. El sonido retumbaba saturado y sin definición, ahogando la voz y las guitarras mientras que la batería se salvaba de la quema compitiendo en volumen. No sé cómo sería en otros puntos pero yo apenas pude apreciar nada.

Encima, el grupo actuó prácticamente a oscuras, con una iluminación tenue que sólo sirvió para que la gente empezase a fumar, amparados por la penumbra. Normalmente no soy muy exigente con la iluminación en un concierto pero sí tengo la (sin duda, tonta) manía de querer ver a los que están actuando. Me gusta ver qué equipo usan, como tocan o cantan y, por lo general, lo que pasa en el escenario. El sábado por la noche estuve en un local viendo a unos amigos y me gustó ver lo bien que se lo pasaban sobre el escenario. No sé, será que soy rarito.

Lo peor de todo es que tengo más cosas que contar de lo que fue mal en su concierto que de lo que me gustó. Los chavales volvieron a hacer todo lo posible sobre las tablas y, con unos pocos años de conciertos a sus espaldas, se les nota cómodos. Además, habían estado en las pruebas de sonido de dos grupos increíbles y no ocultaron su entusiasmo por su posición de teloneros en el tramo español de la gira. Del repertorio reconocí algunos temas, como «Blast Off», «Negotiating The Clowns» y «Give ‘em War», que pude seguir más en mi cabeza que por el sonido de la sala. El hueco que tenían para tocar dio para hacer algún guiño al público que había en ese momento en la sala, que pareció disfrutar bastante tanto con la música como con los gestos del grupo. El cantante animó e incitó a la gente mientras se sucedían temas como «Free Your Soul», «Gone Away» y «Legally Brainwashed», algunos de los cuales tuvo tiempo a presentar brevemente.

Desde el comienzo del concierto con «Of Men and Tyrants» hasta el final de «Thrash Attack» transcurrieron unos treinta minutos que me dejaron una sensación agridulce. Espero volver a ver a este grupo en mejores condiciones para que se puedan lucir como seguro que saben hacer.

La espera para Megadeth no se hizo muy larga. Yo diría que tardaron lo previsto, no se vio que los técnicos tuviesen muchos problemas colocando todo en su sitio. Además, entretanto nos dedicamos a ojear lo poco que se veía del setlist colgado junto a la mesa de mezclas que estaba a nuestras espaldas. Tampoco vimos demasiado pero sí lo suficiente para saber que el concierto empezaría con «Trust».

Así sucedería minutos más tarde, con Shawn Drover siendo el primero en salir, situándose tras su batería para comenzar con el inicio de la canción. Al rato, David Ellefson aparecía por la izquierda del escenario tocando su parte al bajo, seguido de Christ Broderick por la derecha con los acompañamientos a la guitarra. A cada entrada un foco iluminaba a cada músico y así se mantedría a lo largo de todo el concierto. Con sólo los primeros compases de la canción el público ya aplaudía y cantaba hasta que, por fin, salió Dave Mustaine al escenario. Entonces sí que aplaudió el público.

Con todo, el comienzo fue algo atípico o, al menos, a mí me lo pareció. Teniendo en cuenta los teloneros y quienes les seguirían en el cartel de la noche, comenzar así el concierto y seguirlo con «In My Darkest Hour» parecía quedar algo fuera de contexto. De todas formas, la actuación fue irreprochable, desde la presentación hasta el sonido.

La batería tenía un volumen muy adecuado y era bien acompañada por el bajo a un nivel suficientemente alto como para oírse pero sin saturar ni distorsionarse. Tanto la voz como las guitarras sonaron bien y sólo las habría corregido al alza ligeramente, especialmente en algún sólo. La diferencia con el grupo anterior era como entre la noche y el día. Se nota que en las pruebas de sonido los técnicos hicieron bien su trabajo porque incluso con los distintos cambios de guitarras nunca hubo ningún momento que algo contrastase demasiado.

Y hablando de guitarras, Mustaine sacó a pasear unas cuantas, destacando algunos de los modelos Flying V que le fabrica Dean. Empezó el concierto con una USA Dave Mustaine Double Neck pero más tarde pasaría al menos por la Dave Mustaine VMNT Rust In Peace y la Dave Mustaine VMNT Angel Of Deth, sin verse perjudicado el sonido en ningún momento.

Aunque en España no hubo estuve en la gira de aniversario del Rust In Peace, en los conciertos siempre hay varios temas de este disco y el primero de la noche fue «Hangar 18». Sigue siendo una de las canciones que más me gustan de este grupo y en su encarnación actual sonó realmente bien. Al único que no vi del todo cómodo a lo largo del concierto fue a Chris Broderick, aunque puede que fuese cosa mía. «Wake Up Dead» precedió a otro tema del Rust In Peace, «Poison Was The Cure», en el cual Ellefson tomó el centro del escenario para comenzarlo y animar al público a acompañar el comienzo con las palmas.

Después sería Mustaine el que saldría en solitario para esbozar el estribillo de «Head Crusher» antes de atacar este tema de Endgame, su último disco hasta la fecha. Una de las inclusiones del repertorio que no me convenció fue «She-Wolf», dedicada a las (pocas, siempre son demasiadas pocas) chicas en la sala pero que nunca ha estado entre mis favoritas del grupo. Chris Broderick también tuvo un momento al inicio de «A Tout Le Monde», canción que siempre es coreada con ganas por el público, aunque por lo general tuvo un papel bastante discreto. Algunas armonías le permitieron compartir algo más de protagonismo con Mustaine pero en su mayor parte se mantuvo en los laterales de la parte anterior del escenario.

«1,320′» es otra canción que tampoco me llama la atención en particular pero la ejecución fue buena y resultó entretenida. Enfilando el final del concierto, «Sweating Bullets» sonó algo acelerada pero fue igual de bien recibida que «Symphony Of Destruction». Antes de la salida en falso se escuchó «Peace Sells», durante la que un trajeado Vic Rattlehead se dio un pequeño paseo por el escenario.

Como era de esperar, el concierto terminó con «Holy Wars… The Punishment Due», que tuvo una pequeña introducción a cargo de Mustaine en uno de los pocos momentos que habló con el público, refiriéndose a la situación actual de conflictos en distintos puntos del mundo. El gran tema sonó muy bien, parecía como que querían terminar con su repertorio dejando un buen sabor de boca y yo creo que lo consiguieron.

Después de haber visto a este grupo varias veces puedo decir que nunca decepcionan y que en su estado de forma actual seguirán dando grandes conciertos. Sólo puedo encontrar dos reproches a su actuación y los dos son observaciones personales. El primero es que una hora de Megadeth siempre va a dejar con ganas de más. El otro es que el repertorio me pareció normal para un concierto de Megadeth pero mejorable dado el contexto. No digo que sea ni bueno ni malo, Megadeth tiene suficiente entidad propia como para que sus conciertos tengan la variedad o tonalidad que consideren oportuna, pero dado el carácter del cartel de la noche quizás podría haber estado enfocado más hacia los temas más «thrash» de su catálogo.

Mientras sonaba AC/DC en el hilo musical veíamos como montaban dos muros de Marshall a los laterales de la plataforma donde se situaba a batería. Al cabo de un rato volvían a apagarse las luces y empezaba el siguiente concierto.

En contraste con el concierto anterior, que empezó con los focos sobre los músicos, en esta ocasión el escenario permaneció en penumbra mientras sonaba el comienzo de «World Painted Blood». Y entonces sonaron los instrumentos de los músicos.

Aquello fue impresionante. No sé lo que harían los técnicos pero, con tapones, el sonido era casi perfecto. La batería de Dave Lombardo sonaba potente pero bien definida y sin saturación, mientras que las guitarras de Kerry King y Gary Holt (en sustitución de Jeff Hanneman) se distinguían claramente y acompañaban a la voz de Tom Araya. Hasta la presencia del bajo se podía notar en la mezcla, eso sí, algo más discreta que el resto de los instrumentos.

El nivel se mantuvo a lo largo de todo el concierto, lo que permitió apreciar hasta que punto Holt se había aprendido los sólos y cuánto era de su propia cosecha, especialmente en temas nuevos como «Hate Worldwide». Lo que no estuvo tan a la altura fue, de nuevo, la iluminación. Estoy seguro que no es tan raro que Slayer toque más a oscuras que otros grupos pero no me acabó de convencer que hubiese que esperar casi hasta la presentación de «War Ensemble» para verle bien la cara a Araya.

Eso sí, el grupo no tuvo ninguna piedad, arrasando como una apisonadora con tema tras tema, sin bajar la intensidad ni el ritmo. El repertorio estuvo compuesto, en su mayor parte, de temas ya clásicos como «Postmortem» y «Tempation», la mayoría sin necesidad de ser presentados. Claro que, por supuesto, al llegar el turno de «Dead Skin Mask» Tom presentó la «historia de un nombre llamado Ed» para conseguir que el público gritase el nombre del tema.

Lo cierto es que el concierto de Slayer dejó poco margen para el comentario. Más allá de observar a un necesariamente estático Araya y a un muy activo Holt, el resto del concierto no contuvo sorpresas que apreciar y fue ejecutado de acuerdo a lo que seguramente fuese un programa muy bien estudiado. Lo que sí puedo decir es que un concierto de Slayer está hecho para ser disfrutado en una sala. La vez que les vi en el Sonisphere no me gustaron tanto como en esta ocasión.

Los temas elegidos para el concierto también me parecieron muy acertados. «Silent Scream» y «The Antichrist» se pudieron comparar con la más reciente «Americon» o piezas de su catálogo no tan antiguo, como «Payback». «Seasons in the Abyss» es una de las canciones que tampoco estoy escuchando todo el rato pero tengo que reconocer que supuso un buen cambio de ritmo entre la anterior y «Snuff». En esta pudimos ver a King y Holt haciendo alguna armonía que sonó especialmente bien. El sonido de los solos a lo largo de todo el concierto resultaron otro de los puntos a ensalzar, con unas pequeñas subidas en el volumen que hicieron que cada nota sonase claramente.

El ritmo no decayó ni un instante. Más allá de las paradas de pocos segundos necesarias, los temas se fueron sucediendo uno tras otro mientras el público saltaba, botaba, aplaudía y coreaba, como cuando llegó el turno de «South of Heaven». A pesar de lo demoledor de la actuación, el concierto tenía una hora límite y «Raining Blood» señaló el principio del fin. Un nuevo vistazo a los comienzos del grupo con «Black Magic» dio paso al tema que no podía faltar: «Angel of Death».

Podrían haberla tocado al principio de su recital y la gente no habría reaccionado más fuerte que lo que lo hicieron. Todo el mundo sabía que era el final del concierto y la gente se dejó lo que les quedaba de energías disfrutando de este clásico. Los últimos segundos, tras el alargado trozo de doble bombo de Lombardo, fueron frenéticos.

Y se terminó la noche. Unos instantes más tarde estabamos fuera del recinto, saludando rápidamente a unos amigos y emprendiendo el camino a casa, con la intención de repetir siempre que se pueda (y que el precio no sea tan alto).

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Espero que el descanso que he tenido este fin de semana me sirva para aguantar hasta el próximo, porque el hoy se perfila como un día intenso y extenso:

Hasta donde yo sé Jeff Hanneman todavía no se ha recuperado así que probablemente veremos a Gary Holt en el escenario con Slayer. Por desgracia, a quien yo no veré seguro es a Chris Broderick y David Ellefson en el encuentro a mediodía en Madrid Musical. Si alguien va que cuente a ver qué tal.

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A pesar de haberme perdido el VII November Rain y de no haber visto este fin de semana a The Prodigy, Nile y Napalm Death, esta semana he podido ver a un grupo que tenía pendiente de conocer en directo.

Después de una breve visita a Crisis me dirigí a la sala Heineken. La apertura de puertas estaba programada a las ocho de la tarde y yo debí llegar unos cinco minutos antes. Me puse en la cola para entrar, que en ese momento llegaba hasta la entrada del aparcamiento de la plaza de Cubos, y estuve esperando un rato. Cuando entré recogí el paquete de la entrada de edición limitada y me busqué un sitio donde siempre: delante de la mesa de mezclas.

La sala no estaba demasiado llena cuando empezó el concierto de Angelus Apatrida. Estos chavales albaceteños fueron la sorpresa más agradable de la velada. Los temas sonaron contundentes a pesar de que el sonido de la sala no les favoreció demasiado. El bajo apenas se oía, enterrado por la batería, que a veces se comía también el sonido de las guitarras Ran (creo) de forma tipo Flying V. A medida que fue progresando la actuación se fue ajustando el volumen de las guitarras, pudiendo llegar a oírse algo mejor en los sólos, aunque la del cantante nunca llegó al mismo nivel que la otra. Al mismo tiempo, la voz del cantante estaba al volumen justo para saber que estaba cantando pero no se distinguía siempre lo que estaba cantando.

Las limitaciones que tuvieron en su concierto las suplieron con una buena actitud y con la complicidad de bastantes seguidores. De algo tenía que valer jugar en casa. Además, tienen buenos temas que funcionan bien en directo. Sin haber oído nada suyo, sólo me quedé con los nombres de las canciones que presentaron. En Rafabasa hay un listado completo con el contenido de su concierto. Tras las primeras canciones, el primer tema presentado fue «Fuck You». Lo siguió «Corruption» que, como explicó el cantante, versa sobre la clase política.

Antes de continuar con el concierto el cantante explicó que acababan de firmar un contrato con Century Media (como señalaban en Bravewords.com hace unas semanas) lo que marcaba una nueva era para el grupo («y, me atrevo a decir, para el metal español»), anuncio que fue recibido con aplausos. Tocaron un tema del que será su próximo disco, «Clockwork», junto con otra composición más antigua, «Give ‘Em War». Como diría el propio cantante, se «columpiaron» un poco con el tiempo que tenían pero no creo que al público le importase mucho. El último tema de su actuación, «Thrash Attack», fue despedido con un público bastante entusiasmado.

El siguiente turno correspondía a Abigail Williams, de los que había escuchado «Legend» e «In the Shadow of a Thousand Suns». Parece que tuvieron bastantes problemas montando el equipo sobre el escenario, lo que ya me dio mala espina. Con un estilo a caballo entre Cradle Of Filth e Immortal que muchos podrían etiquetar de black metal sinfónico, con múltiples arreglos que en directo están sampleados (por allí no apareció ninguna teclista), el sonido tiene que estar muy equilibrado para sonar bien. Por desgracia, fue peor de lo que esperaba.

Los bombos de la batería devoraban el resto de los instrumentos. Menos la voz del cantante, que se podía intuir vagamente, los instrumentos apenas se podían distinguir entre el retumbar del prominente doble bombo. La introducción de «I» fue el único sample que conseguí distinguir en todo el concierto. Es una auténtica lástima que unos músicos competentes viesen saboteada su actuación por un sonido tan nefasto. Es cierto que la acústica de la sala Heineken a menudo deja que desear pero este caso fue sangrante.

Salvo unas pocas personas (entre las que me incluyo) que parecían reconocer algunos temas, el resto del público apenas se movió, probablemente saturado por el ruido que salía de la amplificación. Es posible que esto influyese en la actuación fría de los músicos, que apenas se dirigieron al público, con el cantante presentando «Floods» e «Into The Ashes». A pesar de todo, los temas fueron aplaudidos con más cortesía que entusiasmo, igual que cuando tocaron «Watchtower» y se despidieron tras media hora escasa de concierto.

Mientras se despejaba el escenario Nico de Frontline salió a decir que, a petición del grupo cabeza de cartel, no se fumase en la sala, ya que el humo afecta a la cantante. Como era de esperar, tristemente hubo gente que abucheó la petición. Se ve que no saben leer (había carteles donde ponía claramente «Se ruega no fumar…») y/o no pueden pasar un rato sin llevarse algo a la boca y chupar. Además los pobres deben tener el cerebro quemado por el humo y no eran capaces de entenderlo porque hubo que pedirlo más de una vez, siempre con unas maneras excelentes. También oí como algún payaso dijo «pues no iba a hacerlo pero ahora voy a fumar». Con la esperanza que respondan de la misma manera a todas las peticiones, les ruego que no se sienten sobre una estaca astillada y se empalen hasta que la punta asome por sus bocazas. Por favor.

Con estos asuntos la salida de Arch Enemy se retrasó ligeramente. Mi temor era que nuevamente el sonido estropease la actuación y deseaba que al menos sonase como el primer grupo. Mi sorpresa llegó cuando el grupo salió al escenario y empezó a sonar «The Immortal»: se distinguía todo sin problemas. No sé si lo estaba comparando inconscientemente con la actuación anterior pero el sonido me pareció excelente. La batería era nítida, sin exceso de bajos, las guitarras tenían un tono bien definido y el bajo se oía claramente (sorpresón mayúsculo, proclamo).

La entrada en escena de Angela fue muy bien recibida y su voz se mezclaba en el sonido sin perderse en él. Debo reconocer que hace unos años que no sigo tan de cerca a Arch Enemy y la impresión que tenía de entonces es que su voz estaba demasiado procesada. En directo era evidente que, en algunos momentos, había algo más que amplificación en el circuito de su micrófono pero el sonido era muy natural. El grupo al completo sonó muy bien tanto en los temas antiguos como en los más recientes, como «Revolution Begins», aunque yo estaba esperando escuchar «Ravenous». En él me empecé a dar cuenta del auténtico talento de Chris Amott, quien firmó una actuación espectacular eclipsando (a mi modo de ver) a su hermano Michael, que suele ser el que acapara más la atención.

El repertorio tampoco estuvo nada mal. A pesar de no estar familiarizado con los temas de los últimos discos, como «Blood on Your Hands», sí que pude reconocer inmediatamente la mayoría de las canciones. El público coreo muchos de los estribillos y frases y recibió todos los temas con ganas, como cuando tocaron «My Apocalypse» o cuando Angela saludó al público y presentó «Demonic Science». Claro que también hubo temas especialmente bien acogidos, como fue el caso de «Dead Eyes See No Future». Cabe destacar la actuación de Sharlee D’Angelo, que no paró de moverse de un lado para otro del escenario para animar a los asistentes.

El escenario estaba montado de manera que la batería permanecía elevada y flanqueada por los amplificadores y unas luces que iluminaron al grupo a contraluz en algunos momentos selectos, sin que todo el tinglado estorbase a los músicos a la hora de moverse. La iluminación estaba centrada en el escenario y el programa de luces resultó adecuado, sin excesos pero sin detalles. Por lo general en este aspecto soy poco exigente, me conformo con que se vea a los músicos y las luces no molesten, y así fue en esta ocasión.

Daniel Erlandsson tuvo su momento de protagonismo en un solo de batería que acompañó con unos samples y precedió a «I Will Live Again». Y, ya que se acercan las fechas navideñas, Angela decidió presentar el siguiente tema, «Bury Me An Angel», como un villancico. También hubo un sólo para las guitarras, con los que mi impresión sobre Chris Amott se afianzó aún más, después de «Taking Back My Soul». A estas alturas me dio la sensación que la voz de Angela se estaba resintiendo del ambiente viciado y que su actuación en «Dead Bury Their Dead» y «We Will Rise» fue algo forzada. También podría ser cansancio o el desgaste natural en una actuación tan intensa.

Tras estas canciones se retiraron para volver y finalizar el repertorio con «Nemesis». No sé si será que se me hizo corto el concierto pero yo esperaba al menos un par de temas más. Cuando el grupo empezó a repartir púas, baquetas, muñequeras y hasta una toalla asumí que no había más concierto y emprendía camino a casa, donde me dí cuenta que en el paquete de la entrada limitada faltaba precisamente la entrada impresa. Me puse en contacto con Frontline simplemente para dejar constancia del hecho, sin exigencias, y se ofrecieron amablemente a enviármela por correo. Una buena manera de poner punto final a una buena experiencia de concierto.