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Recuerdo que hace un par de meses leí que Iron Maiden había dejado de tocar «Hallowed Be Thy Name» por una disputa legal. La historia resumida es la siguiente: existe una canción de 1973 del grupo Beckett titulada «Life’s Shadow», escrita por Robert Barton y Brian Quinn (bajo el nombre Brian Ingham). Steve Harris era un fan de este grupo y, años más tarde, compuso «Hallowed Be Thy Name» incluyendo seis frases de la canción de Barton y Quinn. De acuerdo con los representantes de Iron Maiden, este hecho quedó cubierto hace años en un acuerdo con Robert Barton. El problema surge cuando el antiguo representante de Beckett, Barry McKay, denuncia hace unos meses esta copia en nombre de Brian Quinn. La consecuencia inmediata es que, como medida preventiva, Iron Maiden ha dejado de tocar de directo su canción probablemente más emblemática.

Desconozco como terminará este asunto, igual que no conocía la existencia del grupo Beckett y su canción, pero me ha recordado otra historia de “copia” relacionada con Iron Maiden que me descubrió hace poco Alfil, en este caso referente a su tipografía.

La fuente que decora todos los álbumes de Iron Maiden es a estas alturas tan distintiva como Eddie, protagonista del cómic de Legacy of the Beast que mencionaba el otro día, pero su uso no es tan exclusivo como puede parecer hoy en día. De hecho, existen diseños que pre-datan los primeros usos por parte del grupo británico. El que a mí me enseñaron es este:

Póster de «El hombre que vino de las estrellas» de 1976.

Después de haberlo visto, esta mezcla [03m37s] resulta aún más interesante. Ahora sólo falta la mezcla de alguna canción de Iron Maiden con otra de Bruce Springsteen para acompañar la portada británica de 1975 de «Green Eyed God» de Steel Mill.

Al principio el grupo utilizaba un logotipo realizado por Steve Harris en letra gótica, como se ve en este montaje sacado de aquí, pero el diseño final se elaboró a partir de la fuente que ya existía, de acuerdo con Ray Hollingsworth:

El diseño original del logo para Iron Maiden fue creado por Dennis Wilcocks con mi ayuda en el Crowes Art Studio de Rathbone Place, Londres W1, por septiembre de 1977.

La fuente original era similar a Metal Lord pero, si mi memoria no falla, unimos las letras tanto en “Iron” como en “Maiden”. Recuerdo claramente el rotulado “apagado” llegando en una tira de foto para cortar y posicionar y así formar el nombre. Recuerdo incluso a Dennis encargando el tipo y trayéndolo a mi mesa. […]

Dennis fue el segundo cantante de Iron Maiden hasta donde yo sé y, de hecho, yo era su empleado porque él era el responsable del estudio en Crowes. Yo ensamblé y retoqué la rotulación que formó el logo.

La tipografía fue reconstruida en versión digital por Ray Larabie en 1996, más de veinte años después de los primeros usos que comentaba antes. Y, hablando del paso del tiempo, hace más de doce años (que se dice pronto) señalaba un caso parecido con dos grupos musicales que, además de compartir diseños similares en sus logotipos, comparten iniciales: B.G.

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Pues esto no me lo esperaba.

Veía la semana pasada la reseña en Hacker News que apuntaba al artículo del L.A. Times que se hacía eco de la noticia:

[…] un jurado de Los Ángeles otorgó el martes casi $7.4 millones a los herederos de Marvin Gaye, tras un juicio de dos semanas sobre si el éxito de 2013 de [Robin] Thicke “Blurred Lines” era un homenaje o constituía una infracción de los derechos de autor de la canción de 1977 de [Marvin] Gaye “Got to Give It Up.”

Como señalan en hypebot este proceso ha servido para conocer el beneficio que puede generar hoy en día uno de estos éxitos musicales. Aparte de eso, ya dije en su momento lo que opinaba de este asunto así que no me voy a repetir. Lo que sí haré será poner la otra captura del vídeo del tema de marras que no usé en su momento:

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El resumen: El bajista de Spirit demanda por plagio a Led Zeppelin por la introducción de ‘Stairway To Heaven’. A pesar de que en la reseña anterior no enlazan al artículo con el texto completo sí hacen un buen trabajo de destacar el único hecho contrastable y novedoso de esta historia. Sin embargo, es una lástima que no señalen al texto original porque en él hay un enlace a un pequeño juego donde se contrasta un motivo con el otro:

Lo único cierto en esta historia es que la similitud entre ambos se había señalado previamente y que un escenario donde Jimmy Page conociera el tema de Spirit de 1968 antes de componer “Stairway to Heaven” en 1970 resulta plausible, especialmente teniendo en cuenta que Led Zeppelin hicieron de teloneros para Spirit e incluso tocaban alguna de sus canciones en directo. La progresión y la instrumentación son similares pero me cuesta hablar de plagio en este caso, por razones muy parecidas a las que expuse sobre el caso de “Blurred Lines”. Me parecen más legítimas otras reclamaciones, como la Ray Jackson sobre “Maggie May”, pero habrá que ver cómo se resuelven estos asuntos.

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Que ya lo dijo Bunbury [04m36s].

Chistes aparte, en septiembre de 2013 iba a hacer una pequeña nota sobre el juicio sobre “Blurred Lines” pero, sinceramente, me dio pereza. Pero, ya que esta semana he mencionado la etiqueta NSFW y, dado que también está en la lista que mencionaba en la entrada sobre el vídeo de “Bicycle Race” de Queen, voy a retomarlo. Para las personas que no hayan visto el vídeo, la relación con los contenidos citados tiene los nombres de Jessi M’Bengue, Elle Evans y Emily Ratajkowski:

Ni el vídeo ni el tema me parecen llamativos. Como ya dije en su momento, el vídeo usa un recurso trillado pero efectivo aunque, en este caso y desde mi punto de vista, más que resultar provocador parece una excusa un tanto inmadura para sacar a mujeres con el torso descubierto (igual que he hecho yo). Cualquiera que esté leyendo estas líneas puede ver personas desnudas en un par de clicks y no necesita ningún pretexto para ello, sólo tiene que apetecerle.

La canción tampoco me dice nada especial. Sí, tiene un aire a “Got to Give It Up” de Marvin Gaye y, en ese sentido, se puede decir que es poco original pero no es un plagio. No es la misma canción, ni tiene las mismas letras ni la misma progresión de acordes.

Entiendo que lograr el equilibrio entre la protección y libertad del trabajo creativo es complicado. Sin embargo, hace tiempo que tengo claro que bajo el escudo de la propiedad intelectual a veces se defienden conceptos ridículos. Si ya me parece abusivo que alguien pretenda proclamarse “dueño” de una progresión de tres o cuatro acordes, más aún lo es que se de legitimidad a la reclamación de propiedad sobre todo lo que resulte evocativo de un tema.

Los señores Williams y Thicke no son Marvin Gaye. Sería criminal si se anunciasen a sí mismos o vendiensen algo bajo el nombre de Marvin Gaye. Sería ilegítimo que tocasen “Got to Give It Up” diciendo que ellos son Marvin Gaye. No veo delito en que hagan, bajo sus nombres, una canción que recuerda a otra de Marvin Gaye. Es más, aunque no es el caso, me costaría encontrar argumentos racionales para prohibir que tocaran exactamente “Got to Give It Up” mientras no se identificaran como Marvin Gaye porque, por definición, no sería “Got to Give It Up” de Marvin Gaye. Es exactamente lo que hacen los grupos de tributo y, por lo general, más que perjudicar al homenajeado lo hacen más popular.

Todo este asunto es absurdo, una oportunidad vista por sanguijuelas codiciosas en una canción cuyo mayor delito es ser poco original. Y ya me he quedado agusto.